Piscólogo asegura que deberíamos cambiar de pareja cada cinco años

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El especialista acaba de lanzar un texto en el que escribe sobre la necesidad de desapego que deben tener las personas

Una entrevista con Rafael Santandreu sin atrezo no sería lo mismo. En la última ocasión que coincidimos vino acompañado de Fermín, un cráneo de esqueleto que le servía para introducir el tema de la muerte en sus charlas.

Esta vez, la cosa es un poco más optimista y el terapeuta saca de su bolsillo mágico diferentes juegos de gafas sin cristales y con las monturas de colores chillones. Estas lentes, más propias de festivales como el Primavera Sound, son la expresión material del mensaje central que Santandreu expone en su nuevo libro Les ulleres de la felicitat (Rosa dels vents): “Trabajar la fortaleza mental implica ponerse unas gafas diferentes y fijarse en cosas que antes no habías visto; visualizar una abundancia brutal donde antes veías un páramo. Si atajas tus miedos y tus quejas, tienes un espacio mental para estar y disfrutar enorme”. El terapeuta bebe de las ideas de Albert Ellis, padre de la Terapia Racional Emotiva Conductual y considera clave y necesario controlar nuestro diálogo interior y pensamientos para reducir la negatividad y apreciar las oportunidades que, según él, nos brinda diariamente la vida. Santandreu augura que, en pocos años, la mitad de la población podría sufrir neurosis, y se muestra trasgresor en temas universales como la muerte, el amor o la educación. Con o sin gafas, esta entrevista empieza con una sesión en el oculista.

-Suele hacer conferencias con una camiseta que lleva el lema de “la vida es una ganga”. No le preguntaré por su gafas de la felicidad porque intuyo que las lleva bien graduadas. ¿La mente es nuestra oculista?
-Completamente. Las gafas de la felicidad consisten en graduar tu propia mente y darse cuenta de que la vida es muy fácil. Esta visión depende de que tengas pocas necesidades. El problema es que hoy en día nos hemos creado muchísimas necesidades, especialmente de cosas inmateriales, no sólo materiales. En mi nuevo libro hablo de una herramienta que suele sorprender a la gente, pero que yo uso desde hace mucho tiempo.

-Sorpréndame.
-Les llamo ejercicios de renuncia, que bien podrían estar inspirados en los ejercicios eclesiásticos de los monasterios en los siglos XVI y XVII. Los monjes hacían, y todavía hacen hoy, ayunos que implican ricas dosis de incomodidad. Se trata, pues, de aplicarte pequeñas incomodidades cada semana y ser igual de feliz.

-Póngame algún ejemplo para hacer en nuestro día a día, no en un monasterio.

-Ir de casa al trabajo andando y tardar mucho más, sin necesidad de coger transporte público que te haga el trayecto mas llevadero. O quedarte una noche sin dormir aunque sea avanzando cosas del trabajo.

-¿Qué conseguimos con ello?
-No apegarte tanto a la comodidad y desmitificar la idea actual de que la comodidad es buena. Si nos apegamos en exceso a ella, nos volvemos cascarrabias, exigentes y neuróticos, porque nos decimos a nosotros mismos que necesitamos comodidad completa. ¡Eso causa un gran malestar en las personas! Tengo cantidad de pacientes que son hipersensibles a los ruidos, a los atascos de tráfico o a cualquier cosa que no funcione como ellos querrían. Por eso digo que ponerse las gafas de la felicidad implica necesitar poco y dejar de lado un montón de cosas inmateriales, entre ellas, la dichosa comodidad.

-Aunque parezca lo contrario, ¿nos cuesta más renunciar a lo inmaterial que a los bienes más materiales?

-Por supuesto. Te pondré un ejemplo: ahora tengo un paciente que tiene complejo de tonto, de que no es inteligente. Es una persona que de puertas a fuera es hiriente, que aparenta ser creído, avasallador. Esto le hace estar siempre en guardia para ponerse por encima de los demás. Mi paciente hace eso porque, en realidad, tiene un gran complejo de inferioridad y una necesidad de no pasar por tonto. ¡Fíjate qué necesidad inmaterial! Una persona no llega a madurar y a ser feliz hasta que el concepto de ser inteligente le da igual. La inteligencia es un valor anecdótico que no necesitamos, como puede ser la belleza física.

-No tiene una tarea fácil, vivimos acomodados en la sociedad de la imagen…
-El índice de anorexia en España no para de subir. En los últimos diez años se han duplicado los casos de personas anoréxicas. Son personas que le dan una importancia a la belleza física extraordinaria y eso las hace neuróticas. Está claro que es otro valor inmaterial al que tenemos que empezar a renunciar.

-Desgraciadamente, hay otra cifra que también se ha incrementado; la de personas que no gozan de una buena salud mental. Según asegura en su libro, el índice supera ya al 30 % de la población mundial. ¿Por qué nos estamos volviendo más neuróticos?
-Se calcula que en 2050 la mitad de la población será neurótica. Estoy hablando de que el 50 % de la gente tendrá problemas para acudir al trabajo por culpa de la depresión y la ansiedad. ¡Es bestial! Esto ocurre porque tenemos una sociedad muy exigente, que nos hace ser locamente exigentes con nosotros mismos, con los demás y con nuestro entorno. La mente del ser humano no está preparada para tanta exigencia. Vivimos de una manera antinatural, con una cantidad de exigencias que no son sostenibles.

-Este discurso ya lo pronunciaba Darwin en su momento. Hemos tenido tiempo de sobras para cambiar esta tendencia…
-Vamos a peor. La locura del hacer más y tener más atributos va a mucho más, ahora llevada de las alas de la sociedad de consumo, que se basa en el lema del “contra más, mejor”. Es por ello que cada vez estamos más neuróticos.

-La ansiedad generalizada es un trastorno que, según usted, también ha ido al alza. ¿Me lo explica?
-Este tipo de ansiedad implica tener el gatillo del estrés demasiado flojo, por lo que estás nervioso la mayor parte del día. Sólo tienes que pararte a observar el ritmo con el que camina la gente por la calle. ¡No es normal! Si la gente se quiere curar de la ansiedad generalizada tiene que aprender a ralentizar y hacer las cosas a la mitad de la velocidad del ritmo que lleva habitualmente. Esto pasa por apreciar las cosas pequeñas, dedicarse a una solea tarea y disfrutarla y, sobre todo, no exigirse todo lo que se exigen.

-¿Qué hace sufrir más al ser humano: la muerte o el amor?
-¡El amor! El amor es la neura número uno porque tenemos una gran creencia irracional de que ese amor sentimental es un gran puntal de la felicidad. Nos lo ha vendido Hollywood, junto con la comodidad (Sonríe). Nunca ha sido así, y nunca lo será. Como pensamos que es algo tan importante, vivimos el amor sentimental como algo antinatural y lo entendemos de una manera aberrante, por eso funciona tan mal.

-¿Cuáles son las bases sobre las que hay que sustentar una relación de amor sano?
-Una relación sentimental sana es aquella en la que tú le puedes decir a tu pareja: “te quiero mucho, pero no te necesito”. De todas maneras, pienso que entenderemos el amor sentimental del futuro como algo que será itinerante. Dicho de otra manera: en el futuro ninguna pareja pretenderá estar toda la vida con el otro. En realidad, eso es muy absurdo; las parejas deberían cambiar cada cinco años. Entiendo que, a día de hoy, este discurso suena como algo lamentable, pero el ser humano no está programado para tener una convivencia basada en la monogamia o en una pareja para toda la vida. Ha funcionado hasta ahora porque el hombre era poseedor de la mujer, pero esto no es una vida en pareja, es la vida de un amo con un esclavo.

-¿Se puede tener un proyecto de vida cambiando de pareja cada cinco años?
-Sí. Será una familia muy diferente a como la entendemos actualmente. Serán sociedades matriarcales, no patriarcales. Matriarcados donde las madres, hermanas y tíos conformen la unidad familiar, y no será una unidad formado por marido y mujer. Hasta que sea así, uno tiene que ser paciente y flexible.

-Y aquí entra el miedo a la soledad como una de las causas por las que muchas parejas continúan juntas sin quererse…

-Por desgracia, sí. El sentimiento de soledad es completamente neurótico, es irracional. Temer a la soledad es como temer a los gatos negros. Lo que sobra en este mundo son personas, es imposible que estemos solos. Puedes entablar relaciones increíbles con tus vecinos, compañeros de trabajo, con gente que está en grupos asociativos, con tu familia, etc. Si tú no te dices que la soledad es mala, empezarás a gozarla inmediatamente. Hay que ver la soledad como algo benéfico, como un espacio en el cual puedo organizar mi vida, mi tiempo, aprender, crecer y planificar. Son momentos de paz increíbles.

 

 

 

Fuente: Lavanguardia

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